Todos los días son
las seis de la mañana,
por ende,
todo momento
suele sonar a
noviembre.
La mañana embraga y
desacelera,
cascabelea y
como virgen sufridora
pisa los pecados del mundo.
Me hayo curtido de impaciencia
heme aquí,
en la cabeza,
ríos de nieve,
calva y esférica.
3 segundos fueron muchos,
3 segundos fueron suficientes,
¡Créanme lo que escribo!,
he pasado
a ser,
de mi cabeza,
funciones dobles de borrador.
Subo y bajo escaleras,
ya deje de ser principiante.
caballos cabalgan la frente,
mientras el balcón nos mira pendiente
como padre enfurecido,
castigador y
mal-nacido.
Las cuatro de la mañana nos cubrió,
que iba saber Rimbaud
que un día como hoy,
el interfecto nació.
No me extiendo mas,
porque si se llegase a enterar,
que este día no es igual,
las campanas de noviembre
no sonaran.
y así,
el viaje del que tanto hablan los grillos,
con sus campanas en
los traseros ,
no volverá a sonar.
