Cosas que no se cuentan

Recuerdo, hace mucho tiempo atrás,
al sur de la ciudad,
el carro donde iba mi familia se daño,
Mi padre salió a ver que sucedía con el motor y me pidió que le diera arranque,

Varias veces lo hice,
sin lograr prender el FIat del 91.

Mi hermana pequeña iba sentada en las piernas de mi mami que iba de copiloto, parecía una pequeña hamaca,

Mi madre,

sudorosa, porque estar sin aire acondicionado en Guayaquil es un desgaste sensorial,
le iban cayendo varias gotas de sudor de la frente aún joven de mi madre,

en ese instante apoyó su cabeza de forma desprevenida en mi hombro.
En ese instante no sabía que pasaba,
Me confundí,
Me sentí amado pero me daba terror.

Hoy las cosas no han cambiado mucho, la pocas veces que volví a sentir la cabeza de mi madre sobre mi hombro fue cuando murió mi abuela.

Dicen que el amor maternal es una de las fuentes más puras de la vida.
Yo,
La verdad,
Entré a la dimensión desconocida

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